ME MARCHO

¿Y abandonarás los zapatos?
Sí, en la orilla.

¿Y te despojarás de la ropa?
Sí, de cada prenda.

¿Y caminarás desnuda?
Sin ninguna duda.

Pero por allá no hay camino, no sigas, no hay nada.
No puedo evitarlo.

Pero, ¿por qué lo haces? Abandonar así tus cosas, tu mundo, tu gente…
No lo sé. Sólo sé que hay alguien dentro de mí que me llama.

¡¡¡No puedo parar hasta encontrarla!!!

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CIELOS DESFRAGMENTADOS

Despunta el alba en el horizonte,
la vida nos regala un nuevo día,
que no quede ni un segundo bien respirado.

Montañas sin nombres,
cielos desconocidos,
siluetas de árboles tiñen
con su forma el recorrido.
Y a lo lejos, a lo lejos
intuyo el mar y sus olas.

Viejas sensaciones a flor de piel,
cosquilleos sinceros,
las yemas de los dedos tocan
lo que a raudales se interna en las pupilas.
Será la vida, será la vida…

A MI MADRE

Te rondaba la vieja
en aquella absurda noche
cálida de verano,
donde no cabe imaginar,
cuando todo rebosa
de vida y más vida,
venga ella a enamorarse.

Quiso entonces arrancarte
con la crueldad de un monstruo,
tan sutil como
arranca una niña
su flor preferida.

Y yo dormía,
maldita sea,
y yo dormía.

LA CENICIENTA

“Era ella quien hacía los trabajos más duros de la casa y como sus vestidos estaban siempre tan manchados de ceniza, todos la llamaban Cenicienta”

Así comienza uno de los cuentos clásicos que ha perdurado a lo largo de los tiempos. Un personaje femenino que por envidia a su belleza, se ve abocado a realizar las labores más ínfimas en penosas condiciones. Abusos verbales, malos tratos psicológicos, secuestro bajo llave…

Han pasado ya varios siglos y… ¿no creéis que existen muchas cenicientas desde entonces hasta hoy en día?

Cenicientas las de antaño,
con manos rotas y ajadas
trabajaban en el campo,
en gélidas aguas lavaban,
cocinando en cuclillas,
sumisas en la cama,
en camastros oscuros
acababan sus días.

Cenicientas nuestras madres,
maternidad vocacional aprendidas,
les robaron la libertad
bajo consignas religiosas
de morales hipócritas,
aleccionaron sus conciencias,
y aunque caminos abrieron valientes,
tras la sombra de un hombre oscurecían.

Cenicientas, las actuales,
pese a libertadas fingidas,
de igualdad nada de nada,
transitan con mil responsabilidades a la espalda,
el trabajo, los hijos, la economía, las casas,
arrinconando a un lado anhelos y esperanzas.

Nuevas generaciones encienden la esperanza,
si dejan de vivir en un mundo de hombres,
donde la competencia y lucha mandan,
ambiciones y poderes, políticas interesadas.

Si logran vencer sus miedos y
convencerse del poder que ellas guardan,
su visión práctica de las cosas,
su sensibilidad y espíritu humanista,
desbordarán cada estancia.

La gran revolución que está por venir
habita en ellas, el siglo XXI será su tiempo,
la Tierra no tendrá mejor salida,
algún día no lejano,
por fin dejarán de ser cenicientas,
pues son la única esperanza.