LA SIESTA

El día nublado y desapacible invitaba a cerrar las cortinas.

En la penumbra de la habitación, con el ruido amortiguado de la vida en las calles, desnudó sus pies y, postrándose sobre su mullido lecho, sintió el desplome de sus huesos.

Un pequeño suspiro se escapó de su boca y la comisura de sus labios dibujó una suave sonrisa, cerró sus ojos y, llenando profundamente de aire los pulmones, se dejó llevar por el dulce recuerdo de otros tiempos…

FELIZ SIESTA!!!

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