TAN EQUIVOCADAS FUIMOS

¿Tan equivocadas estuvimos?
¿Estuvimos de veras, tan perdidas?
¿Cómo confundimos las señales?
¿Qué imantó de tal forma la brújula?

La certeza que creíamos sentir,
¿se desvaneció como nieve bajo la lluvia?
¿No quedó de veras nada
de aquellas pasiones desbocadas?

Curiosa la vida que quiso mostrarnos,
con dura lección nos obliga
por enfrentarnos a nuestros muros
perdimos la amistad y las risas.

Espero, no me doy por vencida,
que si de locos es retar al cosmos
para que derrumbes murallas,
loca estoy, huérfana y coja
esperando el día en que vuelvas, Amiga.

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TORMENTA DE VERANO

El Sol es invadido por una cuadrilla de nubes grises. Espesas, cargadas de ira, le acosan, actúan por sorpresa, tornan descargando ante nuestros ojos miles de gotas de rabia.

Cuánto dolor guardaban esas tristes nubes, cuánta carga a sus espaldas, lloran y se desgarran, descarnando su piel a tiras, imposible paliar su dolor, relámpagos y rayos las atacan.

Y cuando parece que el final estaba cerca, que la muerte necia acabaría con ellas, el Sol se abre paso, las disgrega, las calma, las unge con su calor y se dispersan blancas, livianas, de algodón viajeras, para ver que el mundo también puede ser amable, cuando se abandonan las mochilas pesadas.

LABERINTO

Con temblorosos pasos inicio el camino,
la soledad absoluta me acerca al precipicio,
dudo un momento si abandono o avanzo,
pero antes de que yo decida,
el corazón ya se ha lanzado
y corre enloquecido ladera abajo.

Choco desorientada con paredes de barro,
con siluetas de letras que zancadillean mi paso,
caigo por toboganes de frases enloquecidas,
me atacan allí delante, la duda y la desidia.

En pantanosos terrenos se hunden mis zapatos,
hasta la cintura me tienen anclada en el barro.
¡Me duele hasta la garganta que grita enfurecida!
Porque dentro me queman y no encuentran salida.

La rima fácil,
me tienta y me adula,
me zafo de un golpe
con la hache muda.

Invoco al maldito Dédalo,
creador de laberintos,
por encerrar al minotauro
entre estrechos pasillos.

Que ni con ovillo de hilo,
Ariadna y Teseo,
lograrán engañarme,
ni dar muerte al deseo.

Las palabras entrelazadas,
danzando al ritmo
de esta frágil melodía,
lograrán encontrar salida
al complicado embrollo.

Cobijadas bajo alas
de cera y plumas,
como ya lo hizo Ícaro,
se elevarán por toscos muros
limítrofes de mis pensamientos,
para plasmar en un folio
la poesía que habita
en éste, en éste…
mi laberinto.