De qué están hechos los sueños

Con tus ojos relucientes
de seis estrenados años,
me preguntas esa duda
que asalta ahora tu mente.

Mamá, dime:
¿De qué están hechos los sueños?

Los sueños están hechos de polvo,
de polvo de las estrellas
que viajan inertes por el cielo.

Penetran por cada poro
de las personas que duermen,
y al despertar, cada una
reunirá el valor suficiente
para correr tras ellos,
o los dejará escurrir entre los dedos.

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Ella y el mar

Nunca sabía muy bien por qué lo hacía, pero a la tarde, cuando se acababa ya el día y el Sol se conjugaba con el horizonte para fundirse, cansada de la dura jornada de oficina, con la cabeza anestesiada de tanta burocracia inútil, se dejaba caer por la rampa de arena que conducía a aquella solitaria cala.

Sus pasos eran ágiles, casi desesperados y llenos de angustia, no podía remediar ir quitándose a cada paso alguna prenda, sin parar de caminar, trotando podría decirse, una zapatilla, una media, desabrochaba su camisa, y poco a poco en su regazo amontonaba cada pieza.

A cada paso, cada vez más acelerado, iba descubriendo su desnudez y su piel, acercándose a la orilla; la ropa quedaba atrás en un montón olvidado, mientras que sus pies se detenían un segundo para sentir el primer beso de una ola.

Una sonrisa que brotaba directamente de su más temprana infancia le hacía emprender una alocada e incesante carrera, una carrera sin meta hacia delante, rodillas, caderas, y a la altura de su vientre, cuando ya no aguantaba más las ganas, una fuerte zambullida donde su cabeza se sumergía de nuevo en su gran amiga, el agua.

LA SIESTA

El día nublado y desapacible invitaba a cerrar las cortinas.

En la penumbra de la habitación, con el ruido amortiguado de la vida en las calles, desnudó sus pies y, postrándose sobre su mullido lecho, sintió el desplome de sus huesos.

Un pequeño suspiro se escapó de su boca y la comisura de sus labios dibujó una suave sonrisa, cerró sus ojos y, llenando profundamente de aire los pulmones, se dejó llevar por el dulce recuerdo de otros tiempos…

FELIZ SIESTA!!!

PACIENCIA

Atar con enredadas raíces
estas ansias mías
de querer volar a ti,
templando con suspiros
la larga espera.

Cuando el fuego hierve la sangre,
para yegua desbocada
no hay crueldad más grande,
que amarrar al poste una pata.

Lento el tiempo,
lento el respirar,
calma tensa que ahoga
bajo profundas aguas estancadas.

Si pienso en ti, malo.
Si no pienso en nada, peor.
La cabeza se aleja del presente,
se pierde en un tiempo inexistente.

Tiro con fuerza del amarre
hasta sangrar el alma.
Nada, no hay remedio,
tan sólo queda la espera.

Paciencia, paciencia,
que nada tengo,
que todo llega.

EL LUGAR QUE HABITO

En el lugar que habito
ya no está sólo mi corazón.
Buscando en sus esquinas
se abren lujosas estancias,
en cada una, un gran amor.

Personas que se ganan su estancia
por su luz y su calor.
No cualquiera entra,
Pero si entran, permanecen.

Las visito una a una
para que sepan que son parte,
del tejido conectivo
de este pobre músculo palpitante,
que se alimenta de ellos,
y los riega,
con cada gota de sangre.

EL JUEGO DE ESCRIBIR

Hay mordazas que no te impone nadie, nos refugiamos bajo burbujas ficticias por miedo a desnudar nuestro ser.

Todo lo que mi timidez no permite expresar en mi habla, lo traslado a cada palabra escrita, donde emergen con fluidez y facilidad para desguazar el único mundo que me interesa y que me mueve, el de los sentimientos.

Construyo situaciones donde lo de menos son lo hechos, sino lo que producen en el interior de los personajes, me emociono escribiendo y quiero transmitir, al loco que se atreve a leerlos, y remover su interior.

No dejar nunca indiferente, provocar a fin de cuentas.

CORAZÓN LOCO

Corazón loco,
por qué no te cansas
de revolverlo todo,
de buscar emociones,
de alegrías y de llantos.

Porque si no sientes
emociones fuertes,
piensas que te mueres.

Por qué nunca encuentras la calma,
por qué siempre tienes hambre,
por qué en cada orilla te bebes
a sorbos grandes el aire.

¡Ay! Corazón loco,
cómo te conozco,
cómo te amo,
cómo te añoro.

QUIERO

Quiero que recorras el mapa de mi cuerpo,
quiero que camines por mi piel,
que te pierdas en mis poros,
que me sepas de memoria
con los ojos cerrados.
Que naufragues en mis playas
y escarbes en mis recovecos
hasta descubrir si tengo algún tesoro.
Si acaso lo encuentras,
que te lo lleves puesto,
que me lo robes,
que te lo guardes,
y permanezca contigo cuando llegue el invierno.